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viernes, 20 de septiembre de 2013

El regreso de Billy el Niño


En los años del tardofranquismo y comienzos de la Transición se hizo tristemente famoso en Madrid un policía, inspector de la Brigada Político Social ("la policía secreta" franquista), apodado Billy el Niño, personaje que destacaba incluso entre el selecto ramillete de torturadores que formaban la élite represiva de la policía franquista, dadas sus marcadas características de sádico psicópata.
 
El nombre real de Billy el Niño es José Antonio González Pacheco, y según El País hoy tiene 67 años. Hace años que abandonó la policía, y no se sabe a qué se dedica. Seguramente a nada bueno.
 
Una jueza argentina ha decidido pedir la detención y extradición de ese torturador franquista en el marco de la querella presentada en el país americano por españoles familiares de presos políticos encarcelados, torturados y asesinados durante la dictadura fascista española (1939-1975). Junto a González Pacheco, la jueza María Servini de Cubria ha pedido la extradición del mando de la Guardia Civil Jesús Muñecas Aguilar, del comisario de policía José Ignacio Giralte González y de un escolta de Franco llamado Celso Galván, que ahora se ha sabido falleció en 2009.  
 
Por cierto que Jesús Muñecas era capitán de la Guardia Civil en 1981 y fue uno de los hombres de confianza del teniente coronel Tejero en el asalto al Congreso de los Diputados, llevado a cabo por fuerzas de ese instituto armado el 23 de febrero de aquel año. Las conversaciones grabadas entonces dan idea de que Muñecas era un fascista fanático, al que seguramente le habría encantado dar gusto al gatillo en aquella ocasión.
 
Según informa El País, "la policía (española) está obligada a arrestar a los tres imputados" una vez le llegue la orden de Interpol emitida a instancias de la jueza argentina. Cuando se detenga a los tres nada presuntos criminales (que están reconocidos por múltiples testigos que sufrieron sus "atenciones"), estos pasarán a disposición de la Audicencia Nacional, quien deberá decidir sobre su extradición a Argentina. Finalmente será el Consejo de Ministros español quien deberá aprobarla o denegarla.
 
Un detalle importante es que al estar acusados de crímenes contra la Humanidad, los delitos que se les imputan no prescriben.
 
A Billy el Niño sus víctimas le describen como un individuo de baja estatura, feo, regordete y con ojos saltones. Y muy corto de mente. "No era un funcionario que torturaba, era un torturador compulsivo, disfrutaba haciéndolo", dice en El País una de sus víctimas, una mujer vasca. En las sesiones de tortura que dirigía daba puñetazos, patadas, culatazos con la pistola y bramaba insultos que en boca de aquel ser obsceno y seguramente lleno de complejos debían sonar ridículos, a pesar de la brutalidad fuera de control que exhibía.
 
Ese animal dañino ha estado suelto todos estos años (¡cuarenta años!), impune, hasta que una juez argentina lo ha convertido en justiciable. El aparato judicial español debería morirse de vergüenza, en el improbable caso de que sus integrantes conozcan ese sentimiento.
 
En la fotografía que ilustra el post, el policía torturador franquista José Antonio González Pacheco, conocido como Billy el Niño, en una fotografía de principios de los años setenta del pasado siglo.
 
 

martes, 17 de septiembre de 2013

La vía hispano-catalana al fascismo


El pasado día 11 de septiembre y durante el acto oficial de conmemoración de la Diada Nacional de Catalunya en la Librería Blanquerna, aneja a la sede de la delegación de la Generalitat de Catalunya en Madrid, un grupo de terroristas de extrema derecha españoles irrumpieron  en la sala profieriendo gritos de carácter fascista mientras empujaban y zaradeaban a los asistentes. Tras ocupar violentamente la tribuna y arrojar al suelo una bandera catalana, lanzaron gases lacrimógenos contra las personas presentes.  Durante la agresión los terroristas desplegaron trapos de colores con simbología fascista. Uno de ellos en concreto mostró una bandera del partido fascista español Falange, responsable del asesinato de decenas de miles de ciudadanos españoles durante 1936-1939.   
 
Quien al parecer lideraba al grupo de atacantes es un individuo harto conocido no solo por su larga actividad en grupos fascistas españoles, sino también por sus vinculaciones familiares con elementos de la oligarquía política y social española, ya que el individuo en cuestión es primo de Morenés, el actual ministro de Defensa (PP), cuñado de Méndez de Vigo (PP) cabeza del grupo de diputados del PP en el Parlamento Europeo, e hijo de una mujer asimismo miembro de la alta sociedad madrileña  que fue tesorera de Alianza Popular, el partido franquista del camarada Fraga Iribarne, origen del actual Partido Popular (PP). De casta le viene pues al galgo. Y se entiende mejor la impunidad de sus acciones. 
 
Anoche, en un espacio de la cadena televisiva de extrema derecha Intereconomía, el abogado de varios de los terroristas -detenidos al día siguiente ante el escándalo originado, pero puestos en libertad tras declarar ante el juez; a la salida fueron jaleados con gritos y saludos fascistas por sus compinches, ante la pasividad absoluta de la policía española que custodiaba los juzgados madrileños-, sostenía ante las cámaras con toda sangre fría que sus defendidos se habían conducido en todo momento de modo exquisito, y que en todo caso habían sido ellos los agredidos; y eso mientras se veían las imágenes del asalto al local, cuya sola visualización desmentía de plano como no podía ser de otro modo las mentiras disparatadas que profería el picapleitos.
 
Dos días después de los hechos, Francesc Vallés, diputado del PSC, dejó entreveer en unas declaraciones que el ataque contó sino con la complicidad sí al menos con el conocimiento de elementos policiales. Curiosamente, o no, en la Blanquerna no había ningún dispositivo policial que protegiera a los asistentes de un ataque como el finalmente sufrido, ataque que como digo era perfectamente previsible dado el creciente clima de tensión y enfrentamiento que los medios periodísticos y políticos de la derecha extrema/extrema derecha madrileña vienen propiciando en relación con la cuestión catalana.
 
En Barcelona, el mismo día 11 de septiembre, solo unas horas después, tres encapuchados quemaron una bandera oficial española, otra francesa, otra europea y un retrato del actual jefe del Estado español, durante un fin de fiesta independentista. Sorprende la pertinacia de los grupos fascistas por mancillar símbolos ajenos, y en el caso de los catalanes, por quemar en efigie a sus enemigos, un procedimiento por cierto inventado por la Inquisición española hace ya muchos siglos.
 
La quema de la bandera francesa es un brindis al sol de los fascistas pancatalanistas, pues no hay noticia de que ninguno de estos valientes haya llevado a cabo jamás una acción semejante en territorio francés, a pesar de que según ellos la Catalunya Nord gime oprimida por la République centralista y jacobina. Obviamente tienen sus razones para gallear solo desde este lado de la frontera, ya que, como es sabido, con la France no hay bromas.
 
En cuanto a la quema de la bandera europea, resulta asimismo altamente ilustrativa acerca de las pretensiones que animan a estos zotes y a quienes les financian, organizan y envían.
 
Curiosamente, o no, en este caso tampoco hicieron acto de presencia los Mossos d'Esquadra, la policía autonómica catalana, que como es sabido depende del actual Gobierno de derechas catalán. Y no es que los heroicos muchachos se escondieran: la acción se llevó a cabo desde lo alto de una tarima y con música patriótica que ambientaba el desarrollo del aquelarre, jaleado por decenas o cientos de entregados fans. Obviamente, la policía catalana se ha abstenido de identificar a posteriori al trío pirómano. Faltaría más.
 
Lo más curioso es que apenas un par de días después, en un programa de "debate" de TV3, la televisión pública/altavoz político del Gobierno autonómico catalán, los contertulios presentes se escandalizaban como un solo demócrata de que se pretendiera equiparar a los fascistas españoles que tiraron al suelo una bandera catalana en Madrid con los fascistas catalanes que quemaron banderas foráneas en Barcelona: hasta ese punto está embrutecida la llamada "sociedad civil" catalana.
 
El fascismo pues, en sus diversas versiones, campa a sus anchas por la vieja "pell de brau" (piel de toro) de Salvador Espriu. El famoso choque de trenes si se produce, no vendrá de la nada: habrá sido cuidadosamente fomentado desde un lado y desde el otro por quienes precisamente mayor responsabilidad tienen en evitarlo.
 

lunes, 17 de junio de 2013

El espionaje y el ciberterrorismo USA en Internet, al descubierto



Las actividades de espionaje masivo y ciberterrorismo de los servicios secretos norteamericanos en Internet son tan antiguos como la misma Red. No en vano ésta nació durante la Guerra Fría como un arma logística con vocación universal. Entonces se llamaba Arpanet, y su función era estrictamente militar. Posteriormente la red inicial se desdobló en dos: una rama "civil", que es lo que ahora conocemos como Red Mundial (WWW) o Internet, y Arpanet propiamente dicha, dedicada al espionaje militar en la Red.    
 
La actividad de Arpanet en Internet fue tan burda y prepotente, que hasta hace pocos años ni siquiera se preocupaban de enmascarar sus visitas a blogs como el de este servidor de ustedes, que desde hace una década es controlado periódicamente por esa gente.  En los últimos años se han vuelto más cuidadosos y ya no es posible identificarles como visitantes. 
 
Esta introducción viene a cuento del escándalo destapado hace unos días, cuando un agente desertor de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EEUU, un tal Snowdon, ha denunciado públicamente que las agencias norteamericanas espían y practican ciberterrorismo en Internet; nada que no supiéramos ya, en realidad. Lo novedoso de la denuncia de Snowdon radica en que señala como cómplices de esas actividades criminales a las grandes empresas del oligopolio que maneja Internet, los Microsoft, Facebook, Yahoo, etc Y es que al parecer estas empresas trabajan en tal íntima asociación con las agencias norteamericanas que no está clara la línea donde acaba la empresa y donde comienza el servicio secreto.
 
Lo peor de todo para nosotros, ciudadanos europeos, es que según las revelaciones de Snowdon nuestros gobiernos vienen entregando a los norteamericanos desde hace un montón de años los datos de millones de ciudadanos de la Unión Europea, incluida nuestra actividad económica completa y desde luego nuestros movimientos personales por el mundo. Ya sabíamos que los servicios secretos europeos trabajan como palanganeros de los norteamericanos espiando a sus propios ciudadanos por cuenta de las agencias del Imperio, pero ahora nos enteramos de que en realidad estas tienen libre acceso a cualquier dato (nuestra nómina, el hotel donde pasamos las vacaciones, nuestros correos electrónicos con la "amiga o amigo especial" y desde luego nuestras opiniones políticas), y que registran y almacenan minuciosamente toda esa información; ríanse pues del Gran Hermano orwelliano. Hoy mismo el diario The Guardian denuncia que los servicios secretos británicos espían con todo descaro las cumbres políticas y económicas  que se celebran en Londres, seguramente por cuenta de sus amos del otro lado del Atlántico, como casi todo lo delictivo a gran escala que sucede en ese país que un día fue un imperio y hoy es apenas una colonia.
 
Eidentemente el control de Internet por los norteamericanos tiene carácter geoestratégico global. Actúan por tanto no solo contra particulares sino también contra gobiernos, empresas y cuanto crean que puede dificultar los intereses norteamericanos de dominación global totalizadora. Snowdon denuncia, por ejemplo como los EEUU han dirigido miles de ataques cibernéticos de carácter terrorista contra China y otros países.
 
La Unión Europea (UE) mientras tanto acaba de protestar enérgicamente ante esta situación. Es decir, la UE ha ejercido una vez más el derecho al pataleo más inane en un asunto en el que muchos políticos europeos son por su gusto cómplices necesarios de actividades radicalmente criminales. Absoluta indefensión de los ciudadanos ante el Estado totalitario universal, es la palabra que define la situación.  
 
La única esperanza que nos queda es que las máquinas de los terroristas revienten ante el empacho de datos, incapaces de digerir tanta información.