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sábado, 11 de agosto de 2012

Curro Jiménez en el hipermercado



Ya es coincidencia que en la misma semana en que se muere el actor Sancho Gracia, conocido sobre todo por su papel de Curro Jiménez -el bandolero andaluz que robaba a los ricos para dárselo a los pobres- en la serie televisiva de finales de los años setenta, al alcalde de Marinaleda, el inefable Sánchez Gordillo, se le ocurra organizar megáfono en mano el asalto de un hipermercado sevillano.

Curro Jiménez según Televisión Española era un bandolero tan liberal que acabó haciendo campaña para la UCD de Adolfo Suárez, allá por las elecciones de1979, si no recuerdo mal. Aún tengo grabada a fuego en la retina la imagen del famoso bandolero y su cuadrilla entrando a caballo vestidos de lo suyo, de bandoleros andaluces del siglo XIX, en una plaza de toros en la que Adolfo Suárez iba a dar un mitin. Eso no lo mejora ni Sánchez Gordillo, desde luego, aunque el gañán de Marinaleda, ese Cristo-Durruti de hojalata que lleva tres décadas y pico como demiurgo absoluto de un pueblo andaluz de 2.500 habitantes, se esfuerce de vez en cuando por superarlo. 

Y es que, verdaderamente, lo del asalto de Gordillo al hipermercado es de cine. Seguro que a Sancho Gracia le hubiera gustado interpretar ese momento. A Adolfo Suárez quizá no tanto, aunque en su tiempo fuera de los capaces de cortarse una mano en directo solo por salir en el telediario del mediodía. 

En cuanto a la calidad humana y revolucionaria del eximio líder proletario asaltante, fíjense en el revelador detalle de que una de las cajeras (una proletaria, al cabo) recibió santa violencia revolucionaria en forma de un par de hostias bien administradas por afear el numerito a los concurrentes. También, reparen en que los alimentos expropiados por Gordillo y compañía no han aparecido, algo muy diferente a lo ocurrido tras la acción más o menos paralela encabezada por Diego Cañamero y otros dirigentes del Sindicato Andaluz de Trabajadores en el hipermercado de un pueblo de Cádiz, quienes pactaron con la empresa llevarse 20 carros llenos y repartirlos entre un banco de alimentos y los servicios sociales locales. En Écija por el contrario, como digo, lo acopiado en la acción encabezada por el Mesías de Marinaleda simplemente se ha esfumado.

La payasada de Sánchez Gordillo ha servido finalmente para que el ministro del Interior que sufrimos, el opusdeísta Jorge Férnandez Díaz, salga en tromba a asegurar que defenderá caiga quien caiga la sacrosanta propiedad privada. No me toquen los supermercados que me lío a hostias, ha venido a decir el superpolicía Fernández, quien además, condescendiente él, ha manifestado textualmente no aspirar en materia de orden público "a la paz de los cementerios" (sic); como si este cipayo o cualquier otro de su calaña que le reemplace pronto, pudieran arrogarse el determinar si hay derecho a la contestación popular al orden social de mierda que nos está asfixiando.

En resumidas cuentas, gracias a Sánchez-expropiador-Gordillo, a la que unos parados de larga duración intenten llevarse unos tomates de otro Mercadona con los que alimentar a sus hijos una vez el Gobierno les retire los 400 euros con los que malviven ahora, el camarada Fernández tendrá precedente para reprimir a fondo la acción. De hecho, ya se ha detenido a varios participantes en las dos acciones expropiadoras, la del SAT y la de Gordillo, pero curiosamente este último no ha recibido ni siquiera una citación policial.¿Qué curioso, verdad?

Ya ven, un trasunto de Curro Jiménez cabalga de nuevo asaltando hipermercados en nuestros televisores de pantalla plana y en color. ¡Qué nostalgia de aquellos años lejanos, cuando las hazañas del mítico bandolero expropiador se asomaban a nuestros proletarios televisores en blanco y negro! Entonces creíamos que la revolución se haría expropiando los latifundios y nacionalizando la banca, y ahora ya ven, según los gurús de la cosa resulta que la Deseada vendrá cuando las masas se pongan a robar latas de sardinas en el súper de la esquina.

En la fotografía que ilustra el post, el actor Sancho Garcia como Curro Jiménez, a punto de expropiar a alguien durante un episodio de la serie (1976-1978).


lunes, 12 de marzo de 2012

Los Who, CSI New York y un traficante de drogas callejero



Sabemos que la televisión todo lo absorbe y todo lo integra, poniendo cualquier ingrediente que se le facilite a hervir de inmediato en esa olla que los especialistas anglosajones llamaban antes "la producción de cultura de masas", y ahora ya sin rebozo alguno "las industrias del entretenimiento". Con todo hay casos que dan qué pensar, por lo raros que son y por la capacidad que en ellos demuestra el monstruo que ocupa nuestros salones para digerir lo que le echen. Les pondré un ejemplo, claro como este día de casi primavera en Barcelona.

La primera vez que oí en CSI New York que habían comenzado a usar "Baba O'Riley" como nueva sintonía de cabecera (los primeros episodios de la serie tenían otra), me quedé turulato y pensé que los productores de la serie se habían vuelto todos locos. ¡No era posible! Bien es cierto que el mítico tema de Who queda reducido en esa sintonía a un acelerado corte en el que apenas se oye a Roger Daltrey berrear eso de ¡¡¡Out here in the fieeeeeeelds I farm for my meaaaaaaals !!! ¿Qué diablos tiene que ver ese arranque con Nueva York? Aparentemente, nada. Pero sobre todo, ¿cómo es posible que la historia que cuenta la letra de "Baba O'Riley" identifique musicalmente una de las series-estrella entre las fabricadas tras el 11-M a instancias del poder neoconservador, precisamente para justificar el control policial sobre la sociedad estadounidense? ¡Y encima tomando Nueva York como escenario y campo de batalla contra el Mal!  ¿Le pedirían permiso a Who? (cuyos componentes por lo demás, han tenido algo más que problemas a lo largo de décadas con las policías de EEUU y Gran Bretaña por asuntos de consumo de drogas). Todo en este asunto es raro, raro.

Porque resulta que la letra de "Baba O'Riley" alude ni más ni menos que a un pequeño traficante de drogas callejero neoyorkino, un tipo tan orgulloso de su oficio y estilo de vida como para gritar a pleno pulmón, más o menos: "no necesito luchar para probar que estoy en lo cierto, y no necesito ser disculpado". Patidifuso se quedaría el superpoli fascistoide que encarna Gary Sinise en la serie aludida si le presentaran al verdadero Baba O'Riley, un personaje real, de carne y hueso, quien de todas maneras y vista su manera de vivir, lo más probable es que a estas alturas lleve unos cuantos años criando malvas, habida cuenta de que la canción de Who es del año 1971. O quizá Baba O'Riley de seguir vivo, sea hoy un respetable hombre de negocios, abuelo con muchos nietos y simpatizante del Tea Party.

Ah sí, seguro que alguien les contará que O'Riley era un santón hindú por el que la tropa de Pete Townshend sentía gran devoción. No le crean. A los Who, eso del "flower power" y las bobaliconerías orientalizantes tipo Beatles les traían al fresco. Seguro que si en esos años setenta debieron elegir en alguna ocasión entre la mercancía que expedían los gurús hindúes y la que ofrecía el traficante de la canción, no tuvieron dudas. Gary Sinise, el hiperpoli McTaylor, tampoco las habría tenido: ¡A Alcatraz con ellos!.

Les dejo un enlace al tema de Who, Que lo disfruten.