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viernes, 11 de octubre de 2013

"President, esto se va a la mierda"


La bronca de ayer en el Parlament de Catalunya augura tiempos en los que, como en los Balcanes de los años noventa, no habrá inocentes en ninguno de los dos bandos salvo las víctimas que unos y otros produzcan.

Y es que las élites catalanas y españolas continúan empeñadas en acercar cerillas al bidón de gasolina, con el único y perverso objetivo de inflamar el patriotismo de sus respectivas hordas como medio de recaudar adhesiones inquebrantables a sus respectivas causas. Pero la chispa puede prender en cualquier momento, y ocasionar una desgracia irreparable.

La oligarquía catalana ha tomado ventaja con actos como el del pasado 11 de septiembre, un despliegue costoso pero altamente rentable desde el punto de vista de la hegemonización de las voluntades ciudadanas, pero sus homónimos españoles no se han quedado a la zaga y ya tienen preparado un 12 de octubre de traca en Barcelona, con traslado en autocares alquilados de rebaños de fascistas españoles hasta la concentración en la capital catalana.

En ese contexto de acusaciones cruzadas y crispación creciente, con la polarización en marcha de la sociedad catalana dividida en dos bloques cada vez más ensimismados en los agravios inferidos por los de enfrente y cada vez más agresivos en la defensa de sus planteamientos y en la exhibición de su repertorio simbólico -con una traducción inesperada en los medios de comunicación locales, embarcados en una alegre e irresponsable apuesta por el bando secesionista; apuesta seguramente ni tan inocente ni tan desinteresada-, el anunciado futuro choque de trenes en el viejo Principat empieza a generar en el presente chispas más que preocupantes.

Ayer el Parlament catalán votaba una resolución de condena contra la actual delegada del Gobierno español en Catalunya por su participación en un acto de homenaje a la División Azul (el acto lo organizó, detalle significativo, la Guardia Civil). El debate degeneró en un enfrentamiento verbal en el cual dos energúmenos de ideología no tan diferenciada más allá de las enfrentadas superestructuras ideológicas patrióticas a las que cada uno de ellos es fiel, se acusaron a voces de nazis y de fascistas. En cierto modo, ambos tenían razón: tanto Cañas, el de Ciutadans, como Fernández, de la CUP, hacen bueno aquello de que los "extremeños se tocan", y comparten mucho más que los (malos) modos. Por cierto, nótese que ambas formaciones, Ciutadans y CUP, nacieron como marcas blancas del PP y CiU respectivamente, una especie de intermediarios que han acabado radicalizando posturas y arrastrando tras de sí a buena parte del electorado de sus partidos nodriza.  En fin, el espectáculo de ayer fue patético hasta convertirse en inenarrable, pero solo es un anuncio de lo que está por venir.

En medio del rifirrafe hubo sin embargo, algo mucho peor que el follón desatado por los gallos de pelea. Y fue que en mitad del griterío y el caos generados por los rebuznos de sus señorías, se alzó de repente la meliflua, democristiana y patriótica voz de la presidenta del Parlament, De Gispert, acusando a la bancada españolista (PP y Ciutadans) de "no tener vergüenza", y ya completamente fuera de sí, gritando repetidamente al diputado Cañas: "¡Calle!". Ordeno y mando, en línea del mejor autoritarismo fachoide: estos son los demócratas que gobernarán la Catalunya "lliure i plena", que Dios nos coja confesados.

 
La estulticia secesionista ofrece pues al fascismo españolista un triunfo insospechado, al transmitir ahora al mundo mundial la imagen de que quienes reclaman derecho a manifestarse y a decidir son incapaces de reconocérselo a otros. Al PP naturalmente le ha faltado tiempo para salir en tromba en los medios de la perrera a su servicio para afirmar que en Catalunya se prohíbe a los ciudadanos no afectos al nacionalismo catalán la celebración de su fiesta nacional, el 12 de octubre. Y lo que es todavía más grave, que se prohíbe hablar a sus diputados en sede parlamentaria, y se jalea s salida del hemiciclo catalán con gritos de "¡Eso, váyanse, váyanse!" a cargo de la dómina soberanista  que preside, es un decir, la Cámara catalana.

La dimisión de De Gispert es inexcusable; pero ellos tampoco tienen vergüenza..


La verdad es que todos están muy nerviosos. Porque las últimas encuestas empiezan a reflejar algo que unos pocos nos barruntamos hace tiempo: a medida que la cosa se encabrona, crece el número de los catalanes que abominamos de los dos bandos, y que para entendernos, usaríamos como papel higiénico en días alternos la estelada catalana y la rojigualda española. Ya circula incluso una encuesta que vaticina que en las próximas elecciones catalanas todos los partidos bajarán en votos, incluida la triunfante ERC. Y por primera vez en mucho tiempo, decrece asimismo el número de los que piden un referéndum "para decidir" sobre la secesión.

Y este es el peligro mayor, el de que los nervios lleven a los mamporreros de las élites a cometer barbaridades como medio de obligar a cerrar filas a sus partidarios frente al enemigo. Porque aquí nadie quiere aflojar, cueste lo que cueste. Y lo que puede costar, no es difícil imaginarlo.

Como colofón al espectáculo vivido, el socialista Pere Navarro fue capaz por una vez en su vida y sin que sirva de precedente, de hacer una reflexión que es todo un ejercicio de clarividencia política y social, cuando recién acabada la patriótica y navajera pelea se acercó al escaño de Artur Mas y le dijo: "President, esto se va a la mierda".  Efectivamente, así es.

En la imagen que ilustra el post, la fachada del Parlament de Catalunya. La escultura obra de Clarà que hay delante se llama, proféticamente, el Desconsol (el desconsuelo).

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Hambrientos, parados y hartos de mentiras

 
El Gobierno español anda muy ufano, pues según sus cifras ya "solo" tenemos 4.800.000 parados en el país. Lo curioso es que a primeros de año teníamos oficialmente 6.200.000, y que todos los expertos serios -es decir, extranjeros y algunos, pocos, españoles- coinciden desde hace tiempo en que a finales de año habremos rebasado ampliamente los 7.000.000 de parados.

De parados reales. No de personas en situación de paro registrado, que es la cifra que maneja/manipula el Gobierno español.  Resulta que para Rajoy y compañía los únicos parados son los registrados en el INEM,  en las Oficinas de Desempleo (en las que por cierto, hace unos meses se envió al paro a todos  los orientadores laborales), esas Oficinas que ya está en proyecto privatizar en muchas comunidades autónomas; mejor que las cierren de una vez, total para lo que sirven. En resumidas cuentas el Gobierno no contabiliza los parados de larga duración que ya han renunciado a seguir yendo cada mes a fichar en el INEM o a las personas que se están marchando del país, por ejemplo, o a quienes por las razones más peregrinas y con cualquier excusa se les da de baja de las listas oficiales de parados.

Así pueden permitirse decir que el paro en el mes de agosto se redujo en 31 personas netas (una por día), cuando la cruda realidad es que, según explicaba anoche la Cadena SER, solo en el mes de julio pasado 100.000 personas solicitaron la prestación como nuevos parados, o que en el año 2012 la Seguridad Social perdió 500.000 afiliados.

Es decir, ni siquiera el empleo-basura que se está comenzando a crear -con contratos-basura, salarios-basura, horarios-basura y condiciones laborales-basura-, está sirviendo para compensar la destrucción de empleo en España. Lo que ya llaman "empleo de calidad" (lo normal en un país civilizado, por lo que hemos pagado todos y seguimos cotizando los que todavía tenemos trabajo), es casi un recuerdo del pasado.
 
El último parche gubernamental ante la catástrofe que están creando, es permitir que las grandes superficies vendan productos alimenticios caducados. La excusa es que "Grecia ya lo hace"; magnífico precedente, como verán. No se trata solo de que financiadores en negro del Partido Popular como el amo de esclavos propietario de Mercadona sigan incrementando sus beneficios hasta el delirio; lo que se pretende ahora casi a la desesperada es frenar el fantasma del hambre y del alboroto social en la calle, con asaltos a supermecados incluidos, pues cada día hay más ciudadanos parados o con sueldos-miseria que no pueden comprar alimentos para ellos y sus familias. Lo más repugnante de esta medida es que juega con la salud de las personas, pues no establece limitaciones en cuanto al tipo de productos, tiempo transcurrido etc, permitiendo que empresarios rapaces aumenten sus beneficios poniendo en riesgo la salud de los más necesitados.
 
Esta es la España real, crucificada por un Gobierno corrupto y mentiroso, que todo la basa en el viejo lema de su mentor propagandístico ideológico, Joseph Gobbels: "repetir una mentira mil veces, para convertirla en verdad". Estos son los auténticos "brotes verdes" del Gobierno Rajoy.
 

viernes, 7 de junio de 2013

Referéndum independentista o plebiscito franquista

 
En los últimos días las tertulias "soberanistas" de las TDT catalanas echan humo. Y es que los tertulianos han detectado un incipiente movimiento de rechazo a sus tesis independentistas, e incluso a la propia celebración de un plebiscito bajo la apariencia de referéndum.
 
Ocurre que en la típica manipulación del lenguaje político consustancial al nacionalismo, el referéndum no es otra cosa que un simple instrumento mediante el cual afirmar "la voluntad de los catalanes" en el sentido del independentismo. Cualquier otro posible significado es descartado de plano, y quien lo sostiene acusado de ser un españolista emboscado y por tanto un traidor a la Patria.
 
No crean que exagero. Hace unos días la Federación de Hospitalet del PSC repartió octavillas abogando por el No en ese posible referéndum sobre la independencia de Catalunya. Que se sepa, en todo referéndum caben tres posibles opciones: Sí, No o voto en blanco, todas igualmente legítimas. Bien, pues los tertulianos de guardia se han apresurado a crucificar a la organización desafecta, extendiendo sus conclusiones a todo el partido en el que se integra. El No será más o menos tolerado, pero quien lo propugne va a quedar marcado ante la "comunidad nacional".
 
Cabe también la abstención activa, política, por parte de quien descree de la consulta, o pasiva, que es la opción de quien se desentiende de todo y vive en Babia, donde como es sabido se celebra un continuo partido de fútbol de la Liga de las Estrellas. De estos, los primeros son los peores, porque cuestionan todo el invento; los segundos, por el contrario, son promovidos desde el poder.
 
En resumen, cuando se da por descontado que solo hay una opción legítima de voto es que el país va de culo y cuesta abajo, y que una vez llegados al final de la pendiente nos aguardan los herederos de un señor con bigotito recortado que no es exactamente José María Aznar, ustedes ya me entienden,
 
Catalunya se desliza por la pendiente inmersa ya en esa fase coactiva, en la que la discrepancia de la supuesta voluntad colectiva le convierte a uno en sospechoso. Decir en público que el "derecho a decidir" no es más que un concepto hueco y vacío de contenido real, metalenguaje puro al servicio de un invento sostenido sobre argumentaciones que remiten a instancias ideológicas superestructurales, y sobre todo negarse a participar en la mascarada rechazando el votar en la presunta "consulta", le empieza a convertir a uno en un "enemigo del pueblo" al servicio de intereses foráneos, localizados básicamente en "Madrid".
 
Como pueden ver, la cosa se está calentando. Una encuesta publicada hoy por El Periódico de Catalunya sostiene que de celebrarse ahora elecciones en este país, ERC sobrepasaría a CiU y el PSC y PP seguirían en caída libre, mientras crecen y se afianzan opciones radicales por la derecha y la presunta izquierda, el nacionalismo español y el nacionalismo catalán; bien, ellos se lo han buscado (los políticos) y también nosotros tenemos nuestra parte de culpa (los ciudadanos). De todos modos la portada del diario barcelonés no pronostica la abstención, cuyo crecimiento exponencial es el factor clave que explica esos movimientos: las clases trabajadoras y populares no se reconocen en este juego y se quedan en casa (algunos empiezan a movilizarse por los asuntos que realmente interesan, como los dos mil y pico niños desnutridos que se acaba de constatar existen en Barcelona).  
 
Muchos catalanes empezamos a vernos atrapados en un juego peligroso, en el que desde "Madrid" se nos insulta por el mero hecho de ser catalanes y desde Catalunya se nos empieza a señalar como contrarios al "proyecto nacional", del que descreemos tanto como de su gemelo español. La balcanización social de Catalunya avanza a pasos agigantados gracias a unos y otros, aunque en medio todavía quedemos muchos que seguimos sin querer entrar al capote de estos toreros de vía estrecha, que con sus pases y desplantes pretenden evitar que nos centremos en los problemas reales de Catalunya y España. Pero los problemes reales son hechos y como tales, tozudos por naturaleza, y por tanto siguen ahí a pesar de todas las rojigualdas con aguilucho o corona y las cuatribarradas estelades o no.
 
Los plebiscitos tienen siempre un aroma fascista que arrebata. Recuerden los de los años treinta en Europa, y los que organizaba en España el camarada Fraga Iribarne para el general Franco en los cincuenta y sesenta. El referéndum independentista de Catalunya, en caso de llegar a realizarse, será un plebiscito a la vieja usanza franquista: los votantes del No serán escarnecidos en público, y quienes rechacen participar en el circo, perseguidos y aislados. Al tiempo.