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martes, 23 de octubre de 2012

Atila regresa a Gernika




El resultado global de las elecciones autonómicas del País Vasco, contrariamente a las gallegas, se inscribe en lo esperable y casi en lo deseable. La victoria con mayoría relativa del PNV devuelve a esta fuerza al protagonismo institucional del que se ha visto privada en los últimos años. Para los nacionalistas de derechas vascos gobernar en Vitoria es lo natural, y su condición  de fuerza "moderada"  le permite abrir  juego en todas las bandas. De los 400.000 votos que tuvieron hace tres años los peneuvistas han perdido apenas 17.000, a pesar del presunto vendaval abertzale que ha supuesto la irrupción de Bildu, la nueva marca política de ETA.

De hecho y aunque lo sensato ahora sería el intentar cerrar un pacto de gobierno del PNV con los socialistas vascos, fórmula largamente probada anteriormente y con éxito  por otra parte, el reparto de escaños y sobre todo el estado anímico de la sociedad vasca le permiten al PNV pactar a la carta y de modo puntual con quien quiera. Lo más probable es que el PNV vuelva a ofrecerse simultáneamente al Gobierno de Madrid como freno al abertzalismo proetarra y a éste como baluarte frente a la "españolización" de Euskadi; si además es capaz de "venderle" al PSE cierta contención en los recortes sociales que a buen seguro emprenderá el nuevo Gobierno vasco en cuanto se constituya, Urkullu puede abrir una larga etapa de hegemonía peneuvista en el Parlamento de Gernika y sobre todo, de control del Gobierno radicado en Vitoria.

Para el PSE por el contrario comienza un tiempo de ajuste de cuentas interno, en el que no es descartable incluso que se produzca alguna escisión. Resulta inevitable la renovación del equipo dirigente, y la salida de Patxi López rumbo a Madrid se da ya por cantada. Quién le sucederá está por ver, aunque el número de posibles candidatos no sea muy grande. Quizá Eduardo Madina, o el sempiterno Ramón Jáuregi. Lo cierto es que el PSE ha pagado muy caro y con razón, el extravagante pacto de gobierno de la pasada legislatura, durante la cual gobernó en minoría metiéndose en la cama parlamentaria con el PP; la broma le ha costado al PSE un tercio de sus votantes de 2009, pasando de 300.000 a 200.000 votos. 

El PP por su parte pierde apenas unos miles de votos, pero retrocede fuertemente en escaños (de 13 a 10) al disminuir la participación general, especialmente en los núcleos donde este partido cuenta con más apoyos, en tanto aumentaba de manera significativa en los territorios de mayor influencia abertzale. Como opción política la derecha española en Euskadi no tiene ningún futuro, y solo cabe esperar su progresiva radicalización -aún más- hacia la extrema derecha española y españolista.

Izquierda Unida por su parte desaparece del Parlamento vasco, al desertar hacia la abstención sus votantes tradicionales -su base obrera- y hacia Bildu aquellos nacionalistas vascos "de izquierdas" a quienes en los últimos años pretendía captar la coalición que lidera el PCE. Un disparate en suma,  que debería servir de aviso para navegantes a sus homólogos catalanes de ICV-EUiA, empeñados en mostrarse más nacionalistas  que ERC, a quien pretenden disputar una hipotética bolsa electoral compartida (!), para perplejidad de sus votantes de siempre. 

Caso aparte es el de Bildu, la marca sucesora de Herri Batasuna y último -por ahora- buque electoral fletado por ETA. Si alguna virtud ha tenido el proyecto de Bildu ha sido la de lograr embarcar en él a un partido tan respetable desde el punto de vista de la moderación burguesa como EA,  la escisión del PNV que liderara en su día el ex lendakari y multimillonario consorte -está casado con la propietaria de Conservas Mina- Carlos Garaicoetxea. Así, EA ha sido la puerta de entrada de los proetarras hacia la "normalización" de relaciones con el mundo empresarial vasco, al que durante décadas ETA ha coaccionado y extorsionado; cosas veredes amigo Sancho, como decía el Ingenioso Hidalgo.

No es moco de pavo tampoco para Bildu el haber acabado de un plumazo con todos los proyectos de "abertzalismo democrático" no controlado por ETA, cual fue el impulsado por Aralar, y también con los de otras formaciones menores por el estilo; todos han acabado de grado o por fuerza en Bildu, y el que ha pretendido ir por libre en estas elecciones (algunos "verdes", por ejemplo) se ha estrellado. Así, Bildu ha conseguido en este viaje reinar de modo absoluto en todo el nacionalismo vasco que no sea PNV.

La movilización electoral de los proetarras  ha sido realmente grande, pero su éxito tampoco ha sido lo espectacular que nos intentan vender ahora. En estas elecciones Bildu ha logrado 270.000 votos, rompiendo aparentemente el techo de las consultas anteriores a la ilegalización de Herri Batasuna. En esas anteriores consultas la marca proetarra solían obtener entre 120.000 y  170.000 votos. En 2012 Bildu se ha limitado a recuperar de la abstención los 170.000 votos  que Herri Batasuna tenía en sus buenos tiempos, y sumarles los 100.000 que obtuvieron EA y Aralar en 2009. Es decir, el mundo abertzale está donde estaba, solo que ahora todos juntos y bajo una única bandera. Pero en realidad no han conseguido avanzar un milímetro más allá de ese círculo.

Por tanto el problema es por el momento limitado, y menor de lo que unos y otros pretenden hacernos creer. Hay que saludar de todos modos el que por fin, esta gente se decida a hacer política en vez de apoyar el crimen como forma de expresión, aunque tampoco cabe hacerse muchas ilusiones respecto a su capacidad para manejarse en términos de democracia representativa (véase el acoso escuadrista a Patxi López en el momento en el que éste y su mujer iban a votar). Podría decirse de ellos que Atila y sus hunos han vuelto a Gernika, pero que esta vez hay ciertas posibilidades de que se comporten de modo civilizado y no acaben intentando cortarle el cuello al resto de gente que tomará asiento a su lado en el Parlamento vasco. Veremos.

martes, 21 de agosto de 2012

El gobierno vasco tira la toalla


El lehendakari (presidente vasco) Patxi López ha anunciado su intención de convocar elecciones autonómicas en Euskadi, cinco meses antes de que debiera hacerlo legalmente. Se pone fin así a una legislatura que ha pasado sin pena de gloria, con un gobierno monocolor socialista que ha sobrevivido tres años y pico sostenido de facto por el Partido Popular (PP) vasco y con un pacto de no agresión con el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Ocurre que los escenarios políticos vasco y español nada tienen que ver con los existentes cuando López tomó posesión como lehendakari, por lo que la medida parece adecuada e incluso algo tardía.

Las dos variables nuevas aparecidas en estos tres años son la intensificación de la crisis económica y social (también en Euskadi) y el proceso de desaparición de ETA que mal que bien se viene desarrollando desde hace unos meses. Ante ellas juntas o por separado, el Ejecutivo de Patxi López  no ha tenido capacidad de maniobra alguna dado lo exiguo de su apoyo parlamentario -reducido al propio grupo socialista vasco, muy minoritario en el Parlamento de Gernika-, y menos ante los movimientos de recomposición que se están dando en los últimos meses en todos los ámbitos de la política vasca. Simplemente López y su equipo no supieron desembarazarse a tiempo del PP y sumar a su Gobierno de un modo u otro al PNV,  única posibilidad de haber podido introducir cambios sensatos en las dinámicas política y social vascas de las últimas décadas, como se ha demostrado cuando socialistas y nacionalistas burgueses han gobernado juntos Euskadi. 

Así, en octubre habrá elecciones autonómicas vascas, que con práctica seguridad ganará por no mucha diferencia el PNV, con la franquicia de ETA del momento en segunda posición y el tercer lugar en disputa entre el PSE (socialistas vascos) y el PP. Desaparecerá cualquier otra opción política nacionalista o no que haya intentado una vía propia fuera de las siglas enunciadas. Y en fin, la "normalización" política del mundo abertzale ("patriota") proetarra (y su conquista de las instituciones parlamentarias vascas) comenzará con el apoyo externo a un gobierno monocolor del PNV, al modo en que el PP ha apoyado a los socialistas vascos durante la mayor parte de la presente legislatura. A no ser que en un raro ataque de cordura PNV y socialistas pacten un gobierno conjunto capaz de cabalgar a dos tigres a la vez: integrar en la política vasca a los abertzales pero manteniéndoles lejos de la sala de máquinas, y plantar cara simultáneamente al gobierno español del PP y sus maquinaciones antivascas y antipopulares. Casi nada.

Desgraciadamente en Euskadi como en España, no hay políticos con los perfiles y la capacitación necesarios para llevar a cabo una tarea como la descrita. Patxi López siempre ha sido un hombre juicioso, así que es muy probable que no se presente a lo que tiene muchos números de convertirse en una carnicería electoral para los socialistas; alguien que pueda substituirle al frente del PSE con un mínimo de garantías, todavía no ha nacido. En lo que respecta al PNV, a estas horas Urkullu ya debe darse por presidente vasco, sea con el apoyo de la marca electoral de ETA o con el del españolista PP, tanto le da a esta clase de políticos. Y es que la mediocridad de la política vasca es, esencialmente, española hasta las cachas, al igual que la alienación cultural en que viven gran parte de sus clases trabajadoras y populares.

En la fotografía que ilustra el post, el lehendakari Patxi López se retira del estrado desde el que ha anunciado hoy la convocatoria de elecciones vascas.

lunes, 25 de junio de 2012

Las encuestas ya crucifican al PP




La encuesta que publica hoy El Periódico de Catalunya marca tendencias inequívocas: el PP se hunde pero sigue siendo el partido más votado en España, el PSOE permanece estancado en su peor resultado histórico y los pequeños partidos mejoran ostensiblemente sus números, pero a gran distancia de los dos grandes.

El sistema político español, basado en el célebre "bipardidismo imperfecto", mantiene pues intacta su originalidad. Aquí no hay terremotos que lleven a la cima a partidos que hace dos años casi ni existían, como en el caso de Grecia. Ocurre sin embargo que por primera vez hay en España señales de cambios políticos profundos, y quién sabe si de la aparición de un paradigma nuevo. Hasta ahora, la caída de apoyo al partido gobernante se traducía en el triunfo electoral del principal partido de la oposición. Durante estos treinta años de democracia formal, el desgaste del partido gobernante ha llevado ineluctablemente a la victoria al opositor; de ahí la frase de que en España las elecciones no las gana la oposición, sino que las pierde el Gobierno.  Y de ahí también el tradicional juego sucio del PP para desgastar como fuere al PSOE mientras este partido ha estado gobernando. 

Empieza a no ser así. La encuesta mencionada apunta una pérdida de alrededor de 20 escaños para el PP, que se dejaría la mayoría absoluta en la gatera del rescate bancario, mientras el PSOE se queda como estaba o pierde 1 ó 2 escaños. IU y UPYD doblan sus escaños, lo que resulta un titular más llamativo que real: ambos parten de tan poca cosa que no pueden hacer sino mejorar sus resultados o desaparecer. Además, para los pequeños partidos una cosa son las encuestas entre procesos electorales y otra bien distinta los resultados que obtienen en ellos, en los que suele acabar funcionando el llamado "voto útil" a los grandes.

Especial atención merece el resultado de Euskadi, donde según la encuesta mencionada irrumpe con fuerza la coalición abertzale Amaiur-EA, que puede situarse como segunda fuerza tras un PNV que no arranca, con un PSE que retrocede sensiblemente y el PP vasco estancado o levemente a la baja. De algún modo el panorama vasco sí tiene algo de "griego" en ese sentido. Algo va a pasar ahí para bien o para mal, y tal vez para ambas cosas juntas.

Catalunya por el contrario, sigue dormitando la siesta neoliberal del nacional-pujolismo sin Pujol encarnado por CiU, instalada de nuevo cómodamente en el poder a pesar de su papel de punta de lanza en la contrarreforma neoliberal y la destrucción de los servicios públicos, con la inestimable y se supone que desinteresada colaboración de un PSC dirigido -es un decir- por la mayor colección de cadáveres políticos de la política europea. Los demás partidos no cuentan más que como postizos en hipotéticos gobiernos de coalición aunque algún político de segunda fila vaya proponiendo ahora fundar coaliciones de izquierda "a la griega", probablemente sin entender que su partido no puede ser nunca Syriza porque es el KKE.

Todo esto no es aún un terremoto, pero se parece mucho al ruido previo a un terremoto.